Hacerse un autorretrato no es vanidad, aunque algunos lo llamen así tirados en su sofá. Es necesidad. Necesidad de mirarte, de reconocerte, de enfrentar esa versión tuya que a veces escondes, que a veces te da miedo. Porque necesitamos fotografiarnos para recordar que existimos fuera de los ojos de los demás, que nuestro cuerpo, nuestra mirada, nuestro gesto tienen voz propia.

La cámara puede ser un espejo o una 9 mm cargada y sin bloqueo. Un espejo que refleja tu verdad, tu vulnerabilidad y tus contradicciones o un arma que te permite reclamar tu narrativa: decidir qué mostrar, cómo mostrarlo y a quién. En el autorretrato no hay intermediarios ni hay juicios ajenos que decidan tu valor. Estás TÚ. Y sí, eso da miedo, pero también da poder. Y no hay nada que le guste más al ser humano que el poder… jajaja.

Necesitamos autorretratarnos porque gran parte del tiempo vivimos con miedo a los prejuicios, a la crítica, al comentario fácil o a la burla disfrazada de opinión. Y sin embargo, cuando nos exponemos de manera consciente, aprendemos a defender nuestra propia mirada, a respetarnos, a entender que la honestidad con uno mismo es más poderosa que cualquier aprobación externa.

En mis talleres de autorretrato te enseño a mirar más allá del encuadre. No se trata de técnica por técnica, ni de posar como dictan los cánones; se trata de captarte a ti misma, de atrapar esos fragmentos de identidad que solo tú puedes mostrar (porque tú te conoces mejor que nadie), para que tu autorretrato hable con claridad. Porque cuando te fotografías a ti misma, fotografías también tus miedos.

Al final, cada foto que haces de ti misma es un acto de valentía. Es decir: “Estoy aquí. Soy yo. Y no necesito permiso para existir frente a la cámara.” La cámara deja de ser sólo un instrumento y se convierte en una extensión de ti misma, una herramienta que reivindica tu presencia, tu historia y tu interior.

Texto por Sally Foto

2 Responses

  1. Otra interesante reflexión Eli…

    Esta vez sobre la mirada propia a la que nunca prestamos atención. Ese mirarse al ombligo y quererse, ser protagonista de tu realidad, valorarse, no quedarse atrás por mucho que las circunstancias y otras miradas y actitudes se empeñen imponer su visión sesgada. No importa si es positiva o negativa. La mirada propia nos hace discernir entre el halago y la adulación, entre el apoyo incondicional y el interesado. Hay que entrenar esa mirada propia.

    Tengo que confesarte que cuando has comparado la cámara con un espejo o una 9 mm me he asustado… Apuntar una 9 mm a uno mismo en una suerte dee ruleta rusa no es lo que esperaba. Me nos mal que he sido yo el que lo ha interpretado mal antes de seguir leyendo…

    • Es complicado mirarse y no juzgarse cuando es el propio entorno el que te juzga a diario. Aún así, y lo digo por experiencia , cuando te autorretratas, la mayor parte de las veces el primer filtro siempre lo hace uno mism@: si te apruebas tú, entonces compartes y a ver qué pasa… jaja.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido