Hay un momento en el que dejas de hacer fotos y empiezas a pedir permiso.
Permiso al entorno.
Permiso a la opinión ajena.
Permiso a esa idea difusa de “lo que se espera de ti”.

Y ahí arranca el problema.

La obsesión por gustar se ha colado en la fotografía tanto como en la vida, como una humedad silenciosa. No hace ruido, pero lo pudre todo. Antes de disparar ya estás pensando si la imagen será aceptada, si resultará cómoda, si no incomodará demasiado. Y cuando empiezas a rebajar lo que quieres decir para no molestar, ya no estás diciendo nada. ¡Ja!

No es malo que te miren.
Lo peligroso es fotografiar solo para caer bien.

Cuando el objetivo es gustar, la fotografía se vuelve predecible. Cuando el objetivo es encajar, la mirada se domestica. Cuando el objetivo es la aprobación, la intuición se diluye. Y la fotografía, sin intuición, es solo decoración.

Nos han hecho creer que si una imagen no recibe respuesta, no vale. Que el silencio es sinónimo de error. Pero nadie habla del desgaste que supone traicionarte poco a poco para seguir siendo aceptada, ni del vacío que deja convertir tu trabajo en algo fácilmente digerible.

Gustar es cómodo.
Crear desde la verdad, mmm… NO.

La fotografía que importa rara vez entra suave. Rasca, incomoda y descoloca. A veces incluso llega tarde y a veces no llega. Pero cuando lo hace, es porque es honesta, no porque haya sido diseñada para agradar.

Yo no quiero hacer fotos que gusten a todo el mundo.
Quiero hacer fotos que tengan pulso.
Fotos que respiren.
Fotos que, si no gustan, al menos me sean fieles.

Y si no te gusta… pues bienvenido al club.
Aquí no vendemos aplausos, vendemos verdad.

Texto por Sally Foto

#

2 Responses

  1. Ese querer agradar a toda costa y usando parámetros que no son propios, se llama autocensura. Que por muy auto que sea, sigue siendo censura. Y Sí, toda censura oculta la verdad o la disfraza que viene a ser lo mismo. Por muy auto que sea, viene impuesta desde fuera, pero lo peor de que sea auto es uno se pliega, se amolda a lo que se espera, ni siquiera ofrece resistencia… Según escribo esto me convenzo de que la autocensura es el peor tipo de censura posible. Es simplemente rendición.

    • Reconozco que en alguna situación me he auto censurado, todo condicionado siempre por la posible visibilidad de mi trabajo en determinadas redes. Y al final, tu espacio, tu web, es el hogar perfecto para hacerlo, otra cosa muy distinta es el alcance que pueda tener 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido